Todo mundo quiere ser alguien en la vida, y en la adolescencia los sueños y las utopías pretenden alcanzar el cielo, lo máximo; unos para alimentar su ego, otros para dar un aporte a la sociedad; pero dicen en mi pueblo, que tanto va el cántaro al agua hasta que por fin se rompe; muchos quieren o se creen artistas sin tener aptitudes para ello, eso sucede en el mayor de los casos y la frustración no tarda en aparecer.
Hace muchos años, en la época de los setenta, en Trujillo, ciudad capital, siendo adolescentes, llegó la fiebre de escribir, ser literato de la noche a la mañana, era como un sarampión hablar de la novela, ensayo, cuento y de cuanta composición escrita apareciera; es más, muchos se trajeaban al estilo de los grandes escritores de esa época: barbudos, chaquetas negras, calzones negros, con flores en los bolsillos y llegaron al colmo de fundar un supuesto taller literario, donde eran invitados lo más granado de los imberbes poetas, que en forma autodidacta incursionaban en el complejo mundo de la literatura.
Este taller al aire libre se realizaba todas las tardes en las inmediaciones de la plaza Alameda Ribas del municipio Trujillo, allí asistían estudiantes y algunos profesores universitarios. Mi amigo Víctor fue invitado a formar parte, por ser extrovertido, serenatero, aventurero, jugador y mujeriego, era un verdadero “encantador de culebras” enamorado y galán a todo dar; además de ser un gran versador, escritor y declamador de “loas” de amor y de cuanta tragedia humana atormentaba la cotidianidad del trujillano de la época.
En el taller se le exigía al participante llevar dos poemas por día, para luego ser evaluados por un profesor universitario, chivudo, de extraños comportamientos, que se ocultaba bajo la supuesta estampa de intelectual inquisidor de los escritos que mi amigo Víctor llevaba cada noche, producto de su inspiración y desgaste intelectual; así comenzaron a llegar noveles escritores de diferentes lugares de la ciudad de Trujillo, de San Jacinto, las Araujas, Tres esquinas, Timirisis, Santa Rosa, calle Arriba.
A cada miembro se le exigía un seudónimo, mi amigo Víctor seleccionó el de “Rajamula” en honor a la única mula que no pudo montar el diablo.
La cosa marchaba bien, pues los poemas iban y venían cada noche; sin embargo, para mi amigo Víctor, la situación no era color de rosa, pues cada vez que presentaba su producción literaria, el profesor- poeta, lo evaluaba cayéndole a palos a sus sufridas creaciones literarias, le indicaba que en el escrito los personajes estaban muy estáticos, fríos, que estaban impregnados de mucho nihilismo, falta de colorido, ambientación deficiente, con escasez de realismo mágico, que tenía que darle más vida a los personajes y cosas parecidas que hoy no recuerdo; pero dentro del taller había una dama cuyos atributos físicos eran un símil de la bomba de Puerto Rico o de Diosa Canales, su presencia hacía corto circuito en la hormonas del susodicho profesor – poeta y de varios de los aprendices.
Cada vez que la despampanante dama leía sus poemas, al profesor le entraba en su cascaron humano una danza de raras emociones que nadaban en las aguas del Dios Baco mezcladas lujuriosamente con los espíritus de Eros y Afrodita, a ella le colocaba 20 puntos por sus escritos deficientes, muchas veces sin leerlos; esto molestó a “Rajamula” y para la siguiente jornada literaria buscó un compendio de escritores famosos ganadores del premio nobel de literatura y seleccionó un poema del poeta irlandés Samuel Beckett y lo copió poniéndole el seudónimo de “ Rajamula” para luego llevarlo a consideración del profesor, éste sin mucho disimulo lo calificó como un poema de mucha pobreza literaria y se dio el tupé de un solo plumazo aplazar a la Academia Sueca que otorga el premio Nobel y al ganador del mismo el gran poeta Irlandés.
Mi amigo Víctor, le dijo al profesor: “Usted acaba de evaluar uno de los poemas más puros de la poesía universal”. Rajamula a raíz de esa experiencia traumática optó por desenvolverse en terrenos menos escabrosos para sus limitadas aptitudes artísticas, siendo hoy un mecánico de media monta y el profesor –poeta es hoy productor de chimó andino. “Dios libre a mis amigos de meterse a brujos sin conocer la yerba”.
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