miércoles, 11 de enero de 2017

CUENTO:" MACHO QUE SE RESPETA" ( AUTOR SAÚL BRICEÑO FERNÁNDEZ, 2016 )


Desde muy temprana edad me apasionaban las historias sobre la vida que lleva un”macho” un tema, por demás folklórico, con ribetes de humor e ironía.
La estampa del macho en Venezuela ha sido tratado desde el punto de vista musical, literario, teatro y especialmente humorístico a través de sketch en programas cómicos televisivos de primerísima audiencia, con artistas de alto calibre histriónico, entre ellos: Emilio Lovera, con su famoso “Palomino Vergara” que extasiaba a la audiencia con aquella frase ”Macho que no se respeta no es macho”; igualmente, el recordado Jorge Tuero, interpretando su personaje ”El Terror del Llano” que hacía alisar la cara a más de un amargado, con aquellas atrevidas ocurrencias que hacían parodia con las peculiaridades del llano:¡Baldomero! voy a tener que contratar un contabilista para cuantificar cuántos muertos llevo, porque ya perdí la cuenta; cuando le pregunta a Baldomero ¿cómo está mi machete? y éste le contesta con doble sentido: ¡ay su merced! su machete no corta ni mantequilla.
No hay barrio en Venezuela donde estas expresiones dejen de usarse, para hacer referencia a los machos”pecho peluo” En música es menester recordar al famoso” Pedro Navaja” con su diente de oro y su típica navaja. Durante mi adolescencia era una nota escuchar rancheras con mis amigos; entre copa y copa en un bar de mala muerte, platicábamos sobre nuestras primeras conquistas amorosas, era un ambiente para graduarse de hombre.
Todo pueblo tiene sus típicos cuchitriles etílicos identificados con el modo de ser del dueño; el bar de mi pueblo tenía sólo una sala, una rockola y una improvisada barra. Una noche oímos entre los contertulios de barra que discutían y se quejaban, que otrora tiempos, había “machos de verdad”, que se invitaban a matar para saldar un cuenta o un agravio de honor. Se acabaron los machos – decían – Total que el tema de la borrachera era la desaparición de los machos.
A media noche, se aparece un hombre de aspecto tosco y vulgar, de ojos llorones, usaba tabasco en vez de colirio, prendía cigarros con un tizón del fogón, usaba botas con espuelas sin tener caballo, en su techo corporal sobresalía un sombrero “pelo e guama”. Todos notaban su presencia por sus ademanes de hombre pendenciero. ¡Llegó el hijo de Juana!… ¡Pedro me llamo! “Alma Grande” para servirles! dando dos palmadas ordena servir cervezas pa’ cuantas cabezas vea! Y cuando pida comida, no vengan con “comida pa’ pájaros “Está fue la tarjeta de presentación del extraño y desconocido macho. Alguien oyó decir que el sujeto tenía dos meses viviendo en el pueblo de los “embarrancados” famoso por la proliferación de alambiques de miche san jonero y demás menjunjes etílicos, allí pesaba y  descuartizaba ganado en el matadero principal, llamado el “museo de la puñalada” por la costumbre  de sus  trabajadores de portar machetes, cuchillos, dagas para defenderse.
En el trascurso de la noche, se veía venir una trifulca porque el intruso comenzó a gritar ¡En este cuchitril no hay hombres, sólo veo gallinas que “cacaraquean”! En acto seguido, sacó de la base el mostrador que servía de barra. Las sillas y botellas volaban como mariposas de alto vuelo. Llegó la policía con un contingente de 12 hombres y durante 12 horas no pudieron someterlo, se atrincheró debajo de la patrulla. Alguien logró ubicar  a la esposa de nombre JUANA, de apenas metro y medio de estatura y ésta tomó un “Rejo de cuero de ocho nudos y sólo dijo: ¡Pedro, sinvergüenza! y bajo una lluvia de regazos lo condujo como ovejita a su casa. De verdad, éste macho no se respeta.

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